
La tercera edición de la Binational Race reunió a corredores de México y Estados Unidos en una jornada donde el desafío deportivo se mezcló con historias de migración, recuerdos familiares y la emoción de llegar a suelo tijuanense.
TIJUANA.— La frontera que separa a México de Estados Unidos se convirtió este domingo en parte de un mismo camino. Corredores de ambos países participaron en la tercera edición de la Binational Race San Diego-Tijuana 2026, una competencia que llevó el esfuerzo deportivo desde San Ysidro, California, hasta el Faro de Playas de Tijuana, donde los esperaban aplausos, porras y música de mariachi.
Fue una carrera contra el cansancio, pero también un recorrido cargado de significado para quienes tienen sus raíces, su familia y su historia repartidas entre ambos lados de la línea internacional. Más allá de las marcas personales y del tiempo registrado al cruzar la meta, algunos participantes encontraron en esta jornada una oportunidad para recordar a sus seres queridos y volver a conectar con su tierra.
Una de las historias más fuertes fue la de Ana, integrante de Puente Runners Los Ángeles, quien compartió un recuerdo de infancia marcado por las dificultades de cruzar la frontera. Su participación tuvo un significado que iba mucho más allá de completar una distancia.
“Yo nací aquí, crucé la frontera, me atraparon 11 veces desde niña y poder regresar, correr en mi tierra”, relató.
Sus palabras mostraron el lado humano de una competencia que atraviesa un territorio donde las experiencias migratorias forman parte de la vida cotidiana de muchas familias. Para Ana, regresar a correr al lugar donde nació dio a la jornada un valor que ningún cronómetro podía medir.
También estuvo Claudia, originaria de Los Ángeles, California, cuyos padres eran de Jalisco. Aunque nació en Estados Unidos, dejó claro que su identidad mexicana permanece profundamente arraigada y que el recuerdo de sus padres la acompañó durante el desafío.
“Aunque yo soy nacida en Estados Unidos, yo me siento mexicana cien por ciento. Mis padres, que están en el cielo, me están guiando y me están cuidando desde el cielo en esta carrera”, expresó.
Su testimonio resumió una de las emociones que dieron sentido al evento: la posibilidad de correr entre dos países sin tener que dejar atrás ninguna parte de su historia. En su caso, avanzar hacia la meta fue también una manera de honrar a quienes le transmitieron el vínculo con México.

La competencia comenzó en el área de Las Américas Premium Outlets, en San Ysidro. Desde ahí, el recorrido continuó por distintos puntos del sur del condado de San Diego, antes de dirigirse al puerto internacional de San Ysidro-El Chaparral para cruzar hacia Tijuana y seguir hasta la costa.
El medio maratón de 21.1 kilómetros, prueba principal del evento, arrancó a las 6:50 de la mañana. La jornada contempló además distancias de 12 y 10 kilómetros, con participantes reunidos por el interés en el atletismo y por la experiencia de formar parte de una competencia binacional.
Cruzar por uno de los puntos fronterizos más transitados del mundo dio al recorrido un carácter especial. El espacio asociado diariamente con traslados laborales, visitas familiares y largas jornadas de movilidad fue, en esta ocasión, parte de una ruta deportiva que conectó a las dos comunidades.
Al llegar a Playas de Tijuana, los corredores encontraron una recepción festiva. Las porras y los aplausos reconocieron el esfuerzo acumulado durante el trayecto, mientras la música de mariachi acompañó el cierre de una jornada marcada por la convivencia y el orgullo de alcanzar la meta.
Frente al mar, el Faro de Playas de Tijuana se convirtió en el punto de encuentro de personas que habían salido de distintos lugares y que llegaron con motivaciones propias. Algunas buscaron superar un reto físico; otras encontraron una razón familiar o emocional para seguir adelante. Las historias de Ana y Claudia mostraron que una misma ruta puede recorrerse con cargas y significados muy distintos.
La Binational Race San Diego-Tijuana alcanzó su tercera edición con el propósito de transmitir un mensaje de amistad entre México y Estados Unidos. Ese mensaje tomó forma en la participación de corredores de ambos países y en una llegada que celebró tanto el esfuerzo individual como los vínculos entre las comunidades.
En una región donde la frontera influye en el trabajo, las relaciones familiares y el sentido de pertenencia, esta carrera ofreció una imagen de encuentro. Durante la jornada, la línea internacional fue un punto del recorrido compartido por personas que avanzaron hacia un mismo destino.
Al final, quedaron los kilómetros completados, el cansancio y la satisfacción de llegar. Pero también quedaron testimonios que dieron a la competencia una dimensión más profunda: el de una mujer que volvió a correr en la tierra donde nació y el de otra que encontró en sus raíces mexicanas y en el recuerdo de sus padres la fuerza para continuar.
Porque este domingo, entre San Diego y Tijuana, no solamente se corrió para alcanzar una meta. También se corrió para regresar, para recordar y para celebrar todo aquello que sigue uniendo a las personas a través de la frontera.
Fotos: Karen Castañeda / Border Zoom

