
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que fuerzas estadounidenses llevaron a cabo una operación militar de gran escala en Venezuela que culminó con la detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa, quienes —según el propio mandatario— fueron capturados y trasladados fuera del país bajo custodia de autoridades estadounidenses.
El anuncio fue difundido directamente por Trump a través de su red social Truth, donde aseguró que la operación se realizó en coordinación con agencias de seguridad de Estados Unidos y conforme a su legislación. También adelantó que ofrecerá una conferencia de prensa para detallar los alcances del operativo. Hasta el momento, la información proviene del propio presidente estadounidense y no ha sido confirmada de manera independiente por el gobierno venezolano ni por organismos internacionales, pero el impacto político ya es profundo.
De confirmarse plenamente, se trataría de un hecho sin precedentes recientes en América Latina: la detención de un jefe de Estado en funciones mediante una acción directa de Estados Unidos, lo que marca un punto de quiebre en la relación de Washington con los regímenes autoritarios de la región.

México, atrapado en una postura incómoda
Para México, el anuncio coloca al gobierno en una situación particularmente delicada. La presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido una postura política y diplomática de respaldo al gobierno de Nicolás Maduro, bajo los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos, línea heredada del sexenio anterior.
La detención de Maduro —anunciada por Trump— deja a México sin margen cómodo de maniobra. Un respaldo explícito al líder venezolano implicaría un choque directo con Estados Unidos, socio estratégico en comercio, migración y seguridad. Un silencio prolongado sería interpretado como evasión política. Y un deslinde abrupto significaría reconocer el costo de haber respaldado a un régimen señalado internacionalmente por prácticas autoritarias y antidemocráticas.
Además, el golpe al chavismo debilita al bloque de gobiernos de izquierda que durante años defendieron a Caracas, obligando a México a recalibrar su discurso regional y a redefinir hasta dónde llega su solidaridad ideológica frente a la realidad geopolítica.
Un mensaje regional
Más allá de Venezuela, el anuncio envía una señal contundente al resto de América Latina: Estados Unidos está dispuesto a actuar directamente contra gobiernos que considera amenazas, rompiendo años de contención diplomática. Para México, el reto inmediato será administrar el daño político, mantener abierta la relación con Washington y evitar quedar alineado con un régimen que, de confirmarse los hechos, habría sido neutralizado por la fuerza.

